Una de las características distintivas de La Plata tiene que ver con la riqueza ornamental que acompaña a la majestad de los palacios gubernativos de la fundación y, como parte esencial de ella, el patrimonio de sus principales monumentos, algunos de los cuales, lamentablemente, muestran en la actualidad signos evidentes de deterioro. A tal punto es así que en las últimas jornadas varias instituciones históricas reclamaron a la Municipalidad que, en el marco del año del Bicentenario de la Independencia nacional, se acelere la puesta en valor de estos monumentos.
Una reciente nota publicada en este diario describió las diversas y graves deficiencias que afectan a las figuras escultóricas que, en nuestra ciudad, evocan al Libertador San Martín, a la Bandera creada por Belgrano, a Brown, a Moreno y Sarmiento, entre otros próceres. Como bien se destaca, esos monumentos se encuentran corroídos en sus bases, agrietados, saqueados en algunas de sus partes, afectados por toda clase de grafitis, dejando así testimonio de un abandono impropio de los valores que representan.
Situado en 13 entre 39 y 40, el espacio de hormigón con rampas y un auditorio interno destinado a recordar el legado de Manuel Belgrano es actualmente apenas un depósito lleno de carros de barrenderos y carcomido por la humedad. Inaugurado en la década del 70, se encuentra coronado por el mástil de uno de los primeros acorazados argentinos. Fue sede del Instituto Belgraniano de la Provincia hasta que los reiterados robos y agresiones lo despojaron de su valioso patrimonio.
El presidente de esta entidad sostuvo que el monumento se encuentra en condiciones lamentables. Reseñó que se llueve en varios lugares y su urgente reparación debiera contemplar una remodelación integral, ya que no cuenta con circulación de aire y las paredes de hormigón permanecen continuamente húmedas. Dijo asimismo que desaparecieron varias placas conmemorativas.
La nota describe en detalle, asimismo, los deterioros que se advierten en el monumento al Libertador San Martín, en la plaza homónima, así como las penosas condiciones que también exhiben los monumentos recordatorios del Almirante Brown y de otras figuras de la historia patria.
Siempre se ha dicho en esta columna que cuidar el patrimonio ornamental es hablar, desde ya, de inversiones. El olvido y la desatención de bienes que son comunes profundizan su deterioro, dejándolos a merced del ataque despiadado del tiempo y de la penosa acción de los depredadores. Y el corolario se suele reflejar, periódicamente, en la necesidad de volcar inversiones más onerosas, a raíz de no haberse realizado en forma oportuna las tareas de mantenimiento.
Al margen de las acciones y políticas que debe impulsar la Comuna para garantizar un continuado mantenimiento, ese compromiso debiera también encontrarse fundamentado en sólidos principios educativos, capaces de concientizar a la población para que –al igual que lo hicieron las generaciones anteriores- respete los monumentos que recuerdan a los hombres que hicieron nacer a la patria, que dieron su vida por ella y que legaron valores que son imperecederos.
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